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Reseña del final de la temporada 5 de Stranger Things: la serie más grande de Netflix guarda su mejor episodio para el final

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Nader Castillo

enero 1, 2026

Cargado de emociones enormes, batallas sobrenaturales contra dos jefes finales y tantos cierres narrativos que hasta Peter Jackson levantaría una ceja, el episodio final de Stranger Things se asegura de que sientas cada minuto de sus más de dos horas de duración. Y, contra todo pronóstico, eso no juega en su contra. Los hermanos Duffer cubren todos los frentes, cierran cada arco importante y le dan a cada personaje un desenlace acorde, entregando un final épico que despide a la serie en lo más alto y consolida su lugar como el gran referente de la ciencia ficción y la fantasía en la era del streaming.

Los Duffer convierten el último episodio en una despedida total, donde cada personaje importa, cada emoción pesa y nada se siente improvisado.

Y todo eso ocurre sin una masacre indiscriminada. Bueno, casi. La serie se despide de Kali, asesinada por el mismo soldado con el que Eleven y Hopper se enfrentaron antes, aunque Eleven se encarga de que haya justicia. El golpe más fuerte, sin embargo, llega con el sacrificio de Eleven. La heroína decide entregarse para acabar de una vez por todas con los experimentos de Hawkins y garantizar la paz para su pueblo y sus amigos. O tal vez no. Con una jugada narrativa muy inteligente, Mike plantea una alternativa: Eleven habría fingido su final para desaparecer y vivir libre. La serie no impone una respuesta y deja que el espectador elija, al mejor estilo Inception.

Ese sacrificio, real o simbólico, permite que el resto del grupo tenga finales luminosos. El episodio dedica una cantidad sorprendente de tiempo al epílogo: hay compromisos, nuevos comienzos profesionales y personales, y hasta una última partida de Dungeons & Dragons tras la graduación. Los discursos abundan, desde el mensaje radial de Robin hasta el emotivo alegato final de Mike, y todo se siente merecido, construido con paciencia durante años.

Stranger Things se atreve a no dar una respuesta definitiva sobre Eleven, confiando en la imaginación del espectador como parte del cierre emocional de la historia.

En cuanto a la acción, el episodio toma decisiones acertadas. Algunos elementos militares resultan innecesarios y ciertos falsos sustos no engañan a nadie, pero todo eso se vuelve irrelevante frente a la batalla final contra un Mindflayer gigantesco y mejorado, enfrentado por fin en su propio terreno. La revelación de que siempre estuvo oculto a plena vista es tan sencilla como efectiva.

Vecna, interpretado con intensidad hasta el final, rechaza cualquier posibilidad de redención y encuentra un cierre brutal y catártico. La escena de Joyce enfrentándolo deja una de las líneas más memorables de toda la serie y confirma que los Duffer no tuvieron miedo de ir hasta el extremo emocional.

Al apostar por dos villanos finales en lugar de uno, la serie eleva el conflicto y demuestra que todavía podía sorprender en su último capítulo.

El final también le da espacio a personajes que habían quedado algo relegados durante la temporada. Hopper vive uno de sus momentos más fuertes, Mike se convierte en el verdadero eje emocional del episodio y varias de las escenas más desgarradoras descansan sobre su mirada. Las actuaciones están a la altura de la despedida que la serie necesitaba.

Entre los detalles que enriquecen el episodio hay guiños al pasado, humor bien medido, música icónica y momentos de puro fan service bien entendido. Lo más importante es lo que no está: no hay cebos evidentes para spin-offs ni universos compartidos. La historia se cierra como una campaña completa, incluso visualmente, con un manual de juego que se cierra al final.

Al negarse a abrir puertas innecesarias, el final respeta a sus personajes y permite que la historia termine con dignidad y emoción.

Quizá algún día sepamos con certeza qué pasó con Eleven, pero este final funciona precisamente porque no lo dice todo. Stranger Things se despide después de un viaje más largo de lo planeado, con algunos tropiezos en el camino, pero con un cierre profundamente satisfactorio. Donde sea que estés, buen viaje, Eleven.

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